videntes para la videncia se plasma
la historia de la hombres en el pasado presente y en el
futuro, tiene muchos sígnificados y muchas formas
de estudiarse.
Fautriers, fue sin duda el padre del actual Tarot, un
marsellés de mediados del XVIII, diseñó
lo que se podría considerar como la última
edición del Tarot, modificada sólo en pequeños
detalles.
Fue creado después de que en Alejandría
fuera quemada la biblioteca donde estaba todo el conocimiento
de la historia de la humanidad, se juntaron los sabios
del mundo y acordaron conjuntar ese conocimiento perdido
y ponerlo en tablillas que no fueran fácilmente
interpretadas ni descifradas, y así proteger su
gran valor.
Y así el Tarot fue dividido en dos partes: La parte
sagrada o espiritual que son los Arcanos Mayores que son
22 y la otra parte profana que es la más comúnmente
conocida como Baraja Española, pero fue hasta el
siglo 17 que en Europa se hicieron estudios muy profundos
y se unificaron las dos partes y así se da a conocer
el mazo de 78 cartas tal como hoy en día se le
conoce.
Tarot de Marsella
Fautriers, un ilustrador marsellés de mediados
del XVIII, diseñó lo que se podría
considerar como la última edición del Tarot,
modificada sólo en pequeños detalles -sospechosos
de fantásticos en buena medida- por Stanislas de
Guaita y Oswald Wirth. Pero es indudable que no es Fautrier
el creador de esta vasta simbología, sino una suerte
de codificador de lo que cuatrocientos años de
artesanía colectiva pusieron entre sus manos.
Casi dos siglos antes del trabajo del marsellés,
Garzoni conoció un Tarot poco menos que idéntico
(las series eran denominadas monetae, xyphi, gladii y
caducei, y al valet o sota se lo describía como
El Viajero); al tarocchino, de Francesco Fibbia, sólo
le faltan 16 cartas de menor importancia (del dos al cinco
de cada palo) para gozar de parecida similitud, y el llamado
«tarot de Besançon» presenta apenas
una diferencia de tipo mitológico: el reemplazo
de los arcanos II y V (La Sacerdotisa y El Pontífice),
por las figuras de Juno y Júpiter.
Existen variantes más significativas, como el Minchiate
florentino, que a mediados del siglo XV ofrecía
una colección de 95 naipes, de los cuales cuarenta
eran arcanos; o el juego denominado Trappola, al que no
puede considerarse propiamente un Tarot ya que, al margen
de faltas menores (no tiene reinas, ni los números
del tres al seis), carece de arcanos.
El más famoso de los competidores del Tarot es,
sin duda, el atribuido a Mantegna llamado también
Cartas de Baldini. Son cincuenta arcanos, divididos en
cinco series de diez naipes cada una, y su tendencia enciclopédica
lo relaciona más con el carácter pedagógico
del naipe chino (Mil veces diez mil), que con la evolución
de la baraja occidental. Así, la primera de las
decenas marca la jerarquía de las clases sociales
(mendigo, sirviente, artesano, comerciante, gentilhombre,
caballero, duque, rey, emperador y Papa); la segunda representa
a las nueve musas, complementadas por Apolo; la tercera
alude a las ciencias, y la cuarta a las virtudes. La quinta
serie, finalmente, incluye los siete planetas, la octava
Esfera, el Primer Móvil, y la Primera Causa. Wirth
-que conoció dos ejemplares de las Baldini, de
1470 y 1485- asevera que su autor, neófito en materias
esotéricas, intentó ampliar y mejorar por
su cuenta un modelo de Tarot que le parecía insuficiente
e incomprensible, rellenando estas supuestas carencias
con concesiones a la filosofía de la época.